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Transformación digital: 5 formas en las que el COVID-19 ha forzado los cambios

La reciente crisis provocada por el COVID-19 nos ha obligado a replantearnos el “qué”, pero, sobre todo, el “cuándo” de la transformación digital, la asignatura pendiente en muchas empresas y organizaciones de nuestro país.

 

Han cambiado muchas cosas estos meses. Algunos negocios han tenido que adaptar tanto modelos como protocolos y sistemas de organización interna, mientras que a otros la nueva normalidad les ha supuesto un revulsivo para acelerar su agenda de transformación digital.

 

Lo que ha sido un común denominador para todo nosotros es que hay varios factores que nos han obligado a replantearnos las prioridades digitales de nuestros negocios.

 

Si en los últimos meses te has replanteado tu agenda en este tema, aquí tienes 5 formas en las que los planes que tenías hasta este momento se han transformado.

 

Las necesidades de los empleados se colocan al inicio de la cola
No hay empresa en el mundo que rechace el título de “mejor sitio donde trabajar”. Sin embargo, reconozcámoslo, no siempre tener unos empleados con la mejor formación, recursos y protocolos digitales ha sido una prioridad.

 

Las cosas han cambiado, evidentemente. Un concepto que hasta ahora pertenecía al sector de los recursos humanos, el de la experiencia de empleado, ha saltado a los departamentos de IT como prioridad número uno.

 

Hoy, con una gran parte de la fuerza laboral trabajando en remoto, la experiencia de los empleados en lo que a tecnología digital se refiere ha pasado de “deseable” a “la única manera de trabajar”.

 

Como consecuencia, las empresas se están centrando en proporcionar soluciones a problemas largamente retrasados en la lista de prioridades.
El consumidor no volverá a ser el mismo
Con el confinamiento hemos redescubierto que nuestros hábitos de consumo estaban menos arraigados de lo que pensábamos: el que no se planteaba comprar ni un lápiz por internet ahora recurre a la red para casi todo.

 

Además, la profundidad y la gravedad de la crisis sanitaria, así como la lentitud de la desescalada, han revelado que los consumidores han adoptado como propios comportamientos que es probable que hayan llegado para quedarse.

 

Mejorar estos canales de comunicación con el cliente, así como la experiencia de compra no volverá ser una opción: cada empresa debe entender cómo y cuándo quiere ser contactado el cliente, respetarlo y ofrecerle todo un abanico de opciones, donde lo digital seguirá siendo la constante de la ecuación.

 

Escalamiento de la automatización por razones de coste y seguridad
El aumento de la automatización no es nuevo: en muchos centros de fabricación, los robots industriales ahora representan casi el 1% de la “fuerza laboral” de la fábrica, y la automatización de procesos robóticos ya es un mercado de varios miles de millones de euros.

 

Pero la automatización, en sus diversas formas, ha pasado de la agenda de innovación a la agenda de resiliencia, debido a las nuevas presiones sobre el coste de los trabajadores humanos y la necesidad de tener menos personal en muchos espacios de trabajo debido a las medidas sanitarias que garanticen la salud, como el distanciamiento social.

 

Y no solo hablamos de automatización en el sector industrial. Las acciones de marketing se han trasladado a la red por muchas razones: los eventos presenciales no son posibles, las ferias se han cancelado y las visitas o desayunos de negocio, se han convertido en webinars y eventos online de todo tipo.
Limpieza radical de la casa: identificación de brechas, redundancias y conflictos
En los últimos meses, las organizaciones han llevado a cabo una auditoría a gran escala del estado actual de su transformación digital gracias a la utilización vertiginosa de la tecnología que tenían a mano.

 

Las carencias han salido a la luz rápidamente, demostrando que la agenda de transformación digital estaba desfasada o dilatada en el tiempo sin necesidad.

 

Además de no contar con los sistemas necesarios, muchas empresas han descubierto que, o bien eran redundantes o entraban en conflicto con decisiones no estratégicas tomadas en tiempos que ahora quedan muy lejanos.

 

Algunas de estas redundancias impulsarán la racionalización de sistemas («¿Por qué estamos pagando por cinco sistemas de videoconferencia diferentes?»), pero en otros será una ocasión para mejorar lo existente y acelerar elementos estratégicos que fortalecerán la cultura empresarial (“Ahora que sabemos que podemos teletrabajar sin problema, hagámoslo varios días a la semana para ahorrar costes estructurales”).
Lo mejor es enemigo de lo bueno
Todos hemos hecho sacrificios en estos meses, algunos de un calado sin precedentes. A nivel organizativo y de sistemas, nada impulsa mejor una solución que una crisis en toda regla: no se trata de hacerlo perfecto, sino de hacerlo.

 

Como respuesta a la interrupción dramática, muchas organizaciones han experimentado una renegociación saludable de su relación con la tecnología digital, priorizando el “¡oye, funciona!” frente a la solución perfecta que nunca llegaba y retrasaba las decisiones importantes que suponían cambios que nadie quería asumir.

 

Tareas pendientes: un inventario del impacto positivo

Si tu organización se está embarcando en algunos de estos cambios y no deseas detener un tren que por fin comienza a andar, nada mejor que hacer el esfuerzo de evaluar lo que has aprendido y cómo ha impactado de forma positiva en toda la empresa.

 

Identifica, a nivel empresarial, las mejores iniciativas de todos los departamentos: las nuevas formas de alcanzar al cliente de los departamentos de marketing y ventas, las soluciones que IT ha propuesto para hacer posible la marcha de todos los equipos, las respuestas logísticas que se han encontrado a los retos que ha supuesto el COVID-19 y, sobre todo, cómo ha cambiado la percepción de los clientes con respecto a lo digital. Si hasta ahora ya era un canal al que prestar atención, ahora es EL canal.

 


 

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José Ramón Valle Belio
Director de Marketing